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miércoles, 31 de mayo de 2017

Vega de Doña Olimpa en un artículo de José Sánchez Rojas

Un viaje por Castilla: más sobre Jorge Manrique

(El Sol, 10 de octubre 1919, p. 5)

Nuevas noticias del poeta. Don José Nieto, abogado y propietario de Tariego (Palencia), un viejecito que hoy descansa en Valladolid, escribió, hace ya años, un libro muy curioso sobre Jorge Manrique. Acabamos de leerlo; es el estudio más completo y amoroso que conocemos sobre el poeta palentino; por su honradez, por su sobriedad, por la emoción con que está escrito, puede codearse, sencillamente, con nuestras mejores monografías literarias. El ejemplar que tengo a la vista reza: "Estudio biográfico de Jorge Manrique o influencia de sus obras en la literatura española", y lleva la fecha de Madrid, 1902; no se ha puesto a la venta, y un querido amigo ha tenido la bondad de prestármelo.

El Sr. Nieto no se atreve a afirmar, como se dice corrientemente, que Jorge naciera en Paredes de Nava,año de 1440. Nada se sabe sobre tal nacimiento. Puede conjeturarse, nada más que conjeturarse, que nuestro Jorge naciera en Ocaña o en Toledo. De todos modos, sus ascendientes son de origen palentino. Amusco, Osorno, Palencia, Amayuelas, Becerril, forman el patrimonio de la familia paterna. La madre de Jorge primera esposa de don Rodrigo, la palentina doña Mencía de Figueroa, lleva en dote al matrimonio los lugares de Vega de Doña Olimpa, de Albalá y de Santillán, lugares de esta provincia, ayer de la merindad y hoy del partido de Saldaña.

El señor Nieto, con gran copia de razones, afirma que nuestro poeta, desde muy mozo, se aficiona rendidamente de los encantos y de las gracias de doña Guiomar de Meneses. A penas habla con ella Jorge, cuendo le dispara una encendida y fogo de declaración de amor y de acatamiento:

"¡Qué gran aleve ficieron 
mis ojos y mi traición!
¡Por una vista que os vieron, 
venderos mi corazón!
Pues traición tan conocida,
ya les complacía hacer;
vendieron mi triste vida
y hubiera en ello placer.
Más el mal que acometieron,
¡ay!, no tiene excusación.
¡Por una vista que os vieron,
vendieron mi corazón!"

Guimar es una mujer completa, de las de toma y daca, de las de tira y afloja, palentina: sabe que Jorge no puede vivir sin ella, y Guiomar abusa -femeninamente- de la situación. El poeta de las futuras coplas, el señor de Belmontejo, el comendador de Montizón y de Segura de la Sierra, el trece de la Orden de Santiago y capitán de los hombres de armas de la católica alteza de doña Isabel -no se llama majestad a los monarcas hasta que no aparece Carlos "el flamenco", el hijo del "Hermoso" y de "la Loca", en el escenario de nuestra Castilla, robando concejos, levantando rollos y ahorcando comuneros-, Jorge Manrique, decimos, es un pobre doctrino en achaques de amor y de caballería. Doña Guiomar le encela, coquetea con él, se burla donosamente, ora de sus encogimientos, ora de sus osadías -que todo hay en a viña de nuestro poeta-, y Jorge prorrumpe en inocentes enfados, de esta guisa:

"Quien no estuviere en presencia
no tenga fe ni confianza,
pues son olvido y mudanza
las condiciones de ausencia.
Quien quisiere ser amado 
trabaje por ser presente,
que cuan presto fuere ausente
tan presto será olvidado.
Y pierda toda esperanza
quien no estuviese en presencia,
pues son olvido y mudanza
las condiciones de ausencia."   

JDespués de la conquista de doña Guiomar, al atribulado ausente emprende, con gran éxito, la conquista de Olmedo al lado del arzobispo Carrillo: don Alfonso le concede las tercias de Villafruela, otros lugares de tierras de Campos, siete lanzas de la Corona unos maravedises de oro para acostamiento de ellas. Jorge hereda la encomienda de Montizón a la muerte de Garcilaso de la Vega, cuñado de su padre, el maestre D. Rodrigo. Jorge pelea después al lado de su primo Alvaro de Zúñiga, hijo del duque de Arévalo, para que éste recobre el priorato de D. Juan, que le arrebatan los Valenzuelas con el favor de Enrique IV. Con su lema caballeresco, del que ya hemos hablado, "ni miento ni me arrepiento", se luce Manrique en los torneos de Ávila con motivo de la proclamación de D. Alfonso; presencia estas fiestas la dulce y recelosilla doña Guimar.

Doña Isabel de Castilla debe grandes favores y servicios a nuestro Jorge; con gran minuciosidad los relata el erudito y paciente escritor palentino D. José Nieto. Los más ardientes y poderosos partidarios de la candidatura del rey de Portugal a la Corona de Castilla -elarzobispo Carrillo, el marqués de Villena, que de estudiante enamoradizo en los patios de Salamanca ha pasado a terrible conspirador- son aplastados y vencidos varias veces por el capitán Manrique.

La fama del hijo eclipsa la del padre; Rodrigo es padre de Jorge para la Corte y no al revés. El maestrazgo o maestranza de Santiago no lo hubiera logrado el conde de Paredes "sin los prestigios y autoridad de su hijo". Cuando aspiran a la maestranza dos magnates de la autoridad moral de don Rodrigo Manrique y de D. Alonso de Cárdenas, comendador mayor de León, Isabel propone a nuestro Jorge de árbitro para dirimir la contienda. De este modo adquiere la jurisdicción de gran maestre el noble palentino. El hijo dicta la sentencia a favor del padre, y el Capítulo de la Orden la acoge tan por aclamación, que "recompensó al árbitro con un trecenazgo".

Luego pelea nuestro poeta en Alcaraz, en Calatrava, en Ciudad Real. En 1477 desafía, con agravios personales, a D. Diego Fernández de Córdoba, mariscal de Castilla, penetrando en Jaén al frente de sus parciales. A las puertas del castillo de Garcimuñoz halla su muerte Jorge, a los treinta y siete o treinta y ocho años de edad. El palentino Ruiz de Alarcón pelea al lado de Jorge cuando este cae mortalmente herido. Enfurecido Alarcón, ahorca, en holocausto de la muerte del amado compañero, a seis de sus prisioneros hechos al marqués aquel día. a la vista del sacrificio, los contrarios cobran su represalia, matando a otros seis amigos de Jorge. Uno de los condenados era un pobre escudero de Villanueva de la Jara, casado y con hijos; un hermano de éste, soltero y mozo, pide ser sacrificado en su lugar. Acceden las tropas del marqués; el casado se niega hasta última hora; el hermano más joven, pensando en la viuda desamparada y en los huérfanos, logra, al fin del escudero que acceda a vivir por los que quedan. "Los testigos de aquella lucha por la muerte -escribe el Sr. Nieto- escucharon impasibles aquel diálogo sublime y aceptaron la víctima voluntaria del amor fraterno!".             

José Sánchez Rojas

Palencia, octubre, 1919.

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